OrientalGracias, de Yasunari KawabataSería un buen año para los caquis. El otoño en las montañas era hermoso. La ciudad portuaria estaba en la punta meridional de
InfantilEl príncipe feliz, de Oscar WildeEn la parte más alta de la ciudad, sobre una columnita, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz. Estaba toda revestida de madreselva
LatinoamericanosLeyenda del volcán, de Miguel Ángel AsturiasSeis hombres poblaron la Tierra de los Árboles: los tres que venían en el viento y los tres que venían en el agua,
ClásicosLa torre de las ratas, de Victor HugoDesde que había empezado a anochecer, sólo tenía un pensamiento. Sabía que, antes de llegar a Bingen, un poco antes de la confluencia
ContemporáneosEl último cliente de la noche, de Marguerite DurasLa carretera atravesaba la Auvernia y el Cantal. Habíamos salido de Saint-Tropez por la tarde, y condujimos hasta entrada la noche. No recuerdo
TerrorLa sombra de la guillotina, de Washington IrvingCuando la claridad del día siguió su camino hacia el oeste, dejando al sol oculto tras oscuros nubarrones, París se sumió en una
Ciencia FicciónDragón, de Ray BradburyLa noche soplaba en el escaso pasto del páramo. No había ningún otro movimiento. Desde hacía años, en el casco del cielo, inmenso
OrientalEl espejo y la campana, de Lafcadio HearnHace ocho siglos, los sacerdotes de Mugenyama, provincia de Tõtõmi, quisieron fabricar una gran campana para su templo, y les pidieron a las