TerrorLos niños felices, de Arthur MachenUn día después de la Navidad de 1915 mis deberes profesionales me llevaron al Norte, o para ser más preciso —como nuestros convencionalismos—,
LatinoamericanosLa migala, de Juan José ArreolaLa migala discurre libremente por la casa, pero mi capacidad de horror no disminuye. El día en que Beatriz y yo entramos en
ClásicosDeseo y posesión, de Alexandre DumasLas charadas ya no están de moda. ¡Qué tiempos tan buenos para los poetas eran aquellos en que Le Mercure proponía cada mes, cada quince
ContemporáneosLa amada no enumerada, de Heinrich BöllEllos han remendado mis piernas y me han dado un puesto en que puedo estar sentado: cuento las gentes que pasan por el
Ciencia FicciónEl primer contacto, de Vladimir MijanovskiI Víctor Riábov, comandante de la nave “Valentina”, sintió que volvía en sí y casi simultáneamente un dolor conocido por sus despertares anteriores.
LatinoamericanosLa cabeza pegada al vidrio, de Silvina OcampoDesde hacía quince años Mlle. Dargére tenía a su cargo una colonia de niños débiles que había sido fundada por una de sus
ClásicosLa madre del monstruo, de Máximo GorkiDía tórrido. Silencio. La vida está como cristalizada en un luminoso remanso. El cielo contempla a la tierra con mirada límpida y azul
ContemporáneosViejo oficio, de Cesare PaveseEn aquellos tiempos estaba ocupadísimo y vivía con los carreteros. La cabeza me resuena aún con las gruesas voces de mando y el