LatinoamericanosNo oyes ladrar los perros, de Juan Rulfo—Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte. —No
ClásicosUn sueño, de Leonidas AndréievHablamos luego de esos sueños en los que hay tanto de maravilloso y he aquí lo que me contó Sergio Sergueyevich cuando nos
InfantilBlancanieves, de los hermanos GrimmEra un crudo día de invierno, y los copos de nieve caían del cielo como blancas plumas. La Reina cosía junto a una
ContemporáneosEl mar cambia, de Ernest Hemingway—Está bien —dijo el hombre—. ¿Qué decidiste? —No —dijo la muchacha—. No puedo. —¿Querrás decir que no quieres? —No puedo. Eso es lo
Latinoamericanos¿Quién eres?, de Teresa Wilms MonttUna noche de esas noches cálidas de verano, en que todo el cuerpo se vuelve pulmón para respirar, buscando fresco, con la dificultad
TerrorLa condena de Al Zameri, de Henry IliowiziNada se conoce en la naturaleza que impresione de forma tan sobrecogedora como el subyugante escenario asociado para siempre con las revelaciones hechas
ClásicosTres muertes, de Lev TolstóiEra en otoño. Por la gran carretera rodaban a trote largo dos carruajes. En el primero viajaban dos mujeres. Una era el ama:
ContemporáneosEl embriagado, de Shirley JacksonEstaba lo bastante alegre y conocía la casa lo suficiente como para dirigirse a la cocina por sí solo, aparentemente para buscar hielo,